Décimas de Inocente Carreño

Décimas leídas por Inocente Carreño el día 3 de Julio de 2.011, en el Aula Magna de la Ciudad Universitaria de Caracas, con motivo del homenaje de que fue objeto por esa Casa de Estudios.

 

Hoy rebosa de alegría

este, mi cuerpo arrugado;

pero siempre emocionado

en que mi rostro sonría,

porque en verdad este día

será para recordar,

para reír y cantar,

para sepultar tristezas,

y luego de una cerveza

un joropito bailar.

 

¿Y por qué toda esta euforia?

¿este demasiado ardor?

pues porque el más grande honor

del que yo tenga memoria

en mi larga trayectoria

se me acaba de otorgar,

y que sin irlo a buscar

ennoblece mi existir

y hace al corazón latir

y a mi Dios las gracias dar.

 

Porque este altar del saber,

Casa que vence las sombras,

hoy a mi existencia honra

e inunda a todo mí ser

de un indecible placer

al rendirme este homenaje

que es ave de azul plumaje

que canta en la enredadera,

en verano, en primavera,

embelleciendo el ramaje.

 

El ramaje de mi vida

que de tanto trajinar

hace camino al andar,

y de humor y amor vestida,

que allá en lo profundo anida

sonidos para cantar

y cuya luz va a inundar

de claridad la existencia

del que vive en la indigencia

o en el palacio real.

 

Y a nuestra digna Rectora,

con hondo agradecimiento

y el más puro sentimiento,

la proclamo en esta hora

por valiente y gran señora,

la candidata ideal

para el más alto sitial

en este Tierra de Gracia,

que añora la democracia

y el relevo quinquenal.

 

Y el maestro Carrillo,

colega de pelo en pecho

debe tener el derecho

de aspirar a un anillo

que en su dedo luzca el brillo

como premio a su labor

a él, como director

de este Orfeón ucevista

que está ubicado en la lista

de entre todos, el mejor.

 

Y a Raúl también saludo,

pues su amistad me ha brindado,

y quien mucho ha laborado,

desde lo grave al agudo,

insistente, testarudo,

para hacer que este agasajo

sea trino de arrendajo.

Para él, dicha y ventura,

que su vuelo sea de altura

y éxitos en su trabajo.

 

Y ya son 68

los años del Orfeón

siempre en artística acción,

no está arrugado mi chocho,

aseadito, sin trasnocho,

con sus voces impostadas,

vibrantes y afinadas,

que hoy hace una distinción

al ceder su dirección

a una batuta en picada.

 

Y a las agraciadas damas:

las contraltos y sopranos,

un fuerte apretón de manos,

favor que también reclaman

sonriendo ante el pentagrama,

los bajos y los tenores

que reprimen sus ardores

de sus voces entonar

y así su fila ubicar

primera entre las mejores.

 

Nuestro querido Orfeón

interpretará esta tarde

con emoción que Dios guarde,

madrigales a montón

como sincera expresión

de amor al canto coral,

y que nos hará evocar

al mítico Orfeón Lamas

de bien merecida fama

en polifonía vocal.

 

¿Y cómo retribuir

a tan alta distinción

que acrecienta mi emoción

y las ansias de vivir?

Por eso debo decir

enteramente consciente

y con mi voz de Inocente,

que el honor que me han brindado

nunca será bien pagado:

¡la deuda será por siempre!

 

Y si a ustedes, coralistas

se les brinda la ocasión

de emitir nuestra opinión,

y escoger en una lista

la cosa más imprevista,

no es asunto de consejos,

aunque el caso es bien complejo:

es verse en la obligación

de actuar en el Orfeón

con el director más viejo.

 

Y estas décimas termino

prometiendo a los presentes

que este achacoso Inocente

en su andar medio cansino,

siempre estará en el camino

luchando en dura porfía,

cada noche y cada día

porque a esta Universidad

nadie tenga la ruindad

de arruinar su autonomía.

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